Siempre lo hicimos así

Hay una frase que me da bronca. Bronca de verdad. Tanta, que a mis equipos les pido que la borren del vocabulario. Y en un minuto vas a entender por qué.
Pero primero dejame contarte cómo la conocí en su peor versión.
El primer día
Hace unos años entré a una gran compañía. Primer día, onboarding de rigor, me presentan al equipo, me dan la notebook. Y lo primero que hago, deformación profesional, es fijarme en cómo está configurada.
El antivirus estaba desactivado.
Le pregunto a la persona que me entregó el equipo por qué. Y me contesta, con total naturalidad, como quien te explica algo obvio:
—El antivirus está pausado. Porque si lo dejamos activo, detecta un virus en la licencia del Office y te saltan alertas todo el tiempo. Así que lo dejamos pausado.
Me quedé procesando. Y repregunté:
—¿Y por qué el antivirus detecta la licencia del Office como un virus?
—Ah, porque es una licencia pirata.
Todo esto, te aclaro, dicho sin ningún dramatismo. Como si me estuviera explicando dónde estaba la cafetera.
Así que hice la última pregunta, la obvia:
—¿Y para qué tienen antivirus, entonces, si está pausado?
Y ahí llegó la frase. La que me da bronca. La respuesta fue:
—Porque siempre lo hicimos así.
"Siempre lo hicimos así" debería estar prohibido por ley
Pará y pensá lo que había ahí adentro, en esa sola respuesta:
- Software pirata instalado en toda la compañía.
- La protección de seguridad apagada a propósito, justamente para no delatar el software pirata.
- Y todo el mundo conviviendo con eso, sin cuestionarlo, porque "siempre fue así".
No era maldad. No era que alguien quisiera hacer las cosas mal. Era peor: era la costumbre. Nadie lo había pensado nunca. Se había hecho de una forma, esa forma se repitió, y en algún momento dejó de ser una decisión para volverse "cómo son las cosas acá".
Esa es la trampa de "siempre lo hicimos así". No es una respuesta. Es la ausencia de una respuesta, disfrazada de tradición. Es lo que decís cuando no sabés por qué hacés algo, pero preferís no averiguarlo.
Desafiar el statu quo casi nunca es difícil. Es incómodo.
Acá está lo interesante. Resolver ese problema puntual no tenía ninguna dificultad técnica. La solución era de sentido común: comprar las licencias oficiales del software que la compañía usaba todos los días, y volver a encender la protección. Listo.
Lo difícil no era el "cómo". Lo difícil era animarse a decir "che, esto está mal, ¿por qué lo hacemos así?". Porque cuestionar la costumbre incomoda. Te miran como el nuevo que vino a criticar. Es más fácil callarse y sumarse a "así se hace acá".
Por eso desafiar el statu quo es, antes que una habilidad técnica, una actitud. Es la disciplina de preguntar "¿por qué?" incluso cuando todos ya se acostumbraron a no preguntarlo. Sobre todo cuando todos se acostumbraron.
El detalle que lo cierra todo
Ah, me faltó un dato.
Tiempo después me enteré de que esa compañía había sufrido un ataque de ransomware seis meses antes de que yo entrara. Les habían encriptado la información y, presumiblemente, pasado un mal momento.
Y aun así, con esa experiencia fresca, el antivirus seguía pausado. Porque, ya sabés: siempre lo hicieron así.
Ese es el costo real de la frase. No es solo pereza intelectual. Es que "siempre lo hicimos así" te hace tropezar dos veces con la misma piedra, con los ojos abiertos.
La lección que aplico (y te propongo)
De ahí me llevé una regla que uso hasta hoy y que les pido a mis equipos: "siempre lo hicimos así" no es una razón válida. Nunca.
Cada vez que la escucho, es una señal de alarma, no de tranquilidad. Significa que hay un proceso que nadie revisó, una decisión que se automatizó sin pensarla, una piedra esperando que alguien tropiece.
No te pido que desconfíes de todo ni que rompas lo que funciona. Te pido algo más simple: cada tanto, agarrá una de esas cosas que tu empresa hace "porque siempre se hizo así" y preguntá por qué. Si hay una buena razón, perfecto, quedate tranquilo. Pero muchas veces vas a encontrar un antivirus pausado esperándote.
Desafiá el statu quo. Casi nunca es tan difícil como parece. Solo es incómodo. Y esa incomodidad, muchas veces, es lo único que separa a tu empresa del próximo problema evitable.
Escribo sobre liderazgo de IT y transformación desde la trinchera, cuestionando lo que "siempre se hizo así". Si te sirvió, quedate: hay más.